La información es poder y me parece que el tema de cara al momento de mayor movilización electoral de nuestra historia será saber qué tanto poder tenemos sobre la nuestra, o si la historia va a rimar con la de la pandemia.
¿Nos tardaremos en reaccionar? O ¿Será que la ignorancia será la clave de nuestra felicidad y no nos daremos cuenta que estamos siendo atacados?
Todo depende de qué tan bien esté preparado el INE para la otra pandemia, que se ha venido gestando en el ciberespacio.
Porque varias de nuestras instituciones ya han dado positivo a la cepa letal de hackeo, que se ha propagado a través de los ciberataques, y lo más probable es que el próximo destino sea el INE.
Por lo que con 15 gubernaturas y 500 diputaciones federales en juego, lo que toca en este momento, es mantenerlo a salvo en casa.
Para que los “genomas” de códigos maliciosos que infectado a las Secretarías de Economía y de la Función Pública, al Banco de México (BANXICO), a Pemex, al Sistema de Administración Tributaria (SAT), a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), al Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), no lo lleguen a infectar.
Partiendo desde el punto en que en el 2019 México registró 9.5 ataques de malware por segundo y que poco antes de la pandemia, los ciberataques aumentaron 900 por ciento, la situación se vuelve más crítica conforme el confinamiento nos orilla a una realidad cada vez más virtual.
Porque se generan más datos y esto sin duda, se extenderá a la vida política.
De hecho, las campañas de este 2021 podrían convertirse en las primeras campañas 90% cibernéticas en la historia de México, y esto las llevaría a un terreno similar al “Viejo Oeste” en donde todo es posible y muy poco está regulado.
Por lo que las fake news, los ejércitos de bots, la polarización en las redes sociales red social y lo bombardeos de hackeo, no tardarán en hacer su puesta en escena. Además de la venta de información del INE, del padrón electoral y de los candidatos que será vendida para ser utilizada por opositores y cibercriminales.
¡¿Quién da más?! Será la máxima de este nuevo mercado negro, y palabras como deepweb y darkweb nos serán cada vez más usuales.
Ahí también se encuentra información valiosa que incluso algunos organismos no han detectado. Porque, aunque usted no lo crea, por donde navegamos es tan sólo la punta del iceberg, y hay todo un mundo cibernético que aún desconocemos, cuando incluso ya formamos parte.
Podríamos incluso decir que el ciberespacio se ha vuelto la última dimensión geopolítica en la que se crearán “caballos de Troya electrónicos” y se enfrentarán tanto los estados, como los candidatos.
La información es poder y ahora se encuentra en un territorio interconectado, que hará que entre más digitalizado esté el proceso, más alta será la vulnerabilidad.
El INE ya ha sido víctima de ciberataques que ha sabido manejar. Porque con base a un reporte publicado en el 2018 por la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), la cantidad de ciberataques mensuales en se año superó los 500 mil, y fueron ejecutados a través de “robots” para atacar y debilitar al sistema de cómputo.
No obstante, la cuestión en esta ocasión será detectar los puntos ciegos, en los que se pueda encontrar información comprometida.
Porque hoy por hoy, la deepweb y la darkweb son sinónimos de tinieblas.
Bienvenidos al mundo en el que el INE enfrentará la otra pandemia.
El último en salir apague la luz.