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El lazo que une a Biden y a Trump

Joe Biden y Donald Trump tienen un lazo que los une más allá de la oficina que ambos han ocupado.

Los dos son polos opuestos de un mismo aspecto de la sociedad estadounidense, y eso sin importar el cristal con que se mire, es difícil de ocultar.

Hasta podría incluso decirse, que son algo así como el día y la noche.

Por lo que no se debe de perder de vista que aunque Trump haya partido en un avión rumbo a Florida, y esté ya muy lejos de Washington, el extremo de la polarización social que lo llevó a la presidencia, seguirá ahí y buscará en Biden el contraste con su realidad.

Porque al fantasma del fraude que ha conseguido perturbar la fe en la democracia de 70 millones de estadounidenses que votaron por Trump, habrá que sumarle una caravana migrante que intenta llegar a ese país, y una difícil situación económica.

El reto es mayor, y por más que Biden tenga experiencia en los comienzos difíciles, las expectativas pesan y será difícil que quede bien con todos.

Eso último puede que sea tal vez su mayor defecto, y de alguna u otra manera seguirá dándole vida al contraste. Tanto para bien, como para mal.

Ese es el lazo que los une. El uno será considerado siempre como la antítesis del otro, pero de alguna manera insisto en que ambos son parte de una mismo aspecto con diferentes polaridades.

Algunas de las razones principales por las que Donald Trump llegó al poder en el 2016, son el hartazgo que la ciudadanía sentía por una clase política que no daba los resultados esperados y la necesidad de varias minorías, que no se sentían representadas por los partidos tradicionales.

Mientras que en el caso del ejercicio democrático que llevó a Joe Biden al poder en el 2020, de entre las razones más sobresalientes podemos encontrar el hartazgo de la ciudadanía con un “outsider” de la política que no dio los resultados esperados, y de minorías que no se sentían representadas por él.

Siendo sumamente interesante que mientras algunos seguirán a su líder en una especie de éxodo en busca de la tierra prometida, que se rumora puede llevar el nombre de Patriota, algunos desde las televisión de su casa presenciaron la “refundación” de su estado con la llegada del presidente de la “renovación”, que en el discurso comienza a perfilarse como un nuevo Roosevelt, y tendrá que afrontar la realidad con una renovación del pacto social.

Porque la realidad nacional y global está encauzada por la inercia de una pandemia que ha servido como una especie de radiografía para observar lo que antes a simple vista no era evidente.

Como es el caso de las desigualdades y del racismo sistémico al que han sido expuestos latinos y afroamericanos, que ha ocasionado que mueran a una tasa doble que los blancos de Covid-19.

Los números hablan por sí solos.

La tragedia mundial ha develado que no a todos les ha llegado el sueño americano, y tal vez por eso en su discurso inaugural, el ahora presidente Biden, haya reconocido que “la nación tiene heridas profundas y reales”, que no son nuevas, y que necesitarán de “la unidad de los estadounidenses para luchar contra las dificultades y corregir los errores”.

Parece que el sol ha salido, pero eso no hace que deje de existir la noche.

Ese es el lazo que los une.

El último en salir apague la luz.

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