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El nuevo proteccionismo narrativo: cuando la guerra comercial también se libra en el cine

 

El nuevo proteccionismo narrativo: cuando la guerra comercial también se libra en el cine
El Heraldo de México, Miércoles 7 de mayo 2025

En la nueva guerra comercial ya no se trata solo de acero o microchips: también se disputa el relato.

Donald Trump amenaza con imponer un arancel del 100% a las películas extranjeras. A simple vista parece otra medida proteccionista, pero es más que eso: es una operación quirúrgica sobre el soft power estadounidense. Porque en un mundo multipolar y narrativamente fragmentado, proteger la industria cultural equivale a blindar la influencia global.

Esto ocurre mientras China avanza tecnológicamente pese al cerco. Según el Wall Street Journal, su plan Made in China 2025 empieza a rendir frutos. Ya lidera en telecomunicaciones, baterías y supercomputadoras. No solo produce: busca independizarse del ecosistema occidental.

Pero lo más revelador es que, conforme crece su poder, China empieza a desaparecer sus propios datos económicos. El silencio también es estrategia. No mostrar debilidad es hoy tan importante como construir fortalezas. La información se convierte en arma: decir o no decir es una decisión geopolítica.

Ambas potencias —una arancelando historias, otra borrando cifras— están redefiniendo el control. Ya no basta con tener recursos: hay que controlar los relatos y moldear percepciones. En este nuevo tablero, la hegemonía cultural y la narrativa económica son igual de estratégicas que las bases militares o las reservas tecnológicas.

El mundo que giraba en torno a Occidente se fragmenta. Eurasia ya no es un eje, sino una fisura: Rusia mira hacia China, Europa hacia Washington, y Estados Unidos hacia sí mismo. El orden mundial que conocimos se rompe en cámara lenta. Los países lo saben, lo sienten, y se repliegan con miedo, cerrándose para proteger lo poco que aún pueden controlar.

El nuevo orden mundial no se construye con tratados ni consensos, sino con algoritmos, censura y aranceles culturales. Ya no se trata de dominar territorios, sino de capturar imaginarios. El que controle la narrativa, dominará también el deseo, el consumo y la lealtad.

Y México…

México no protege su cine, no produce chips, ni exige transparencia a quienes le dictan el libreto. No narra, no disputa, no incide. Mientras Trump arma una guerra cultural y China administra su silencio, nosotros seguimos creyendo que las remesas y los likes pueden sostener la soberanía.

En un mundo donde las potencias techan industrias, ocultan debilidades y censuran películas, no están perdiendo el control: lo están reposicionando.

La pregunta es si México va a contar algo propio…
o si va a terminar pagando entrada para ver la película sin haber participado en el guion.

El último en salir, apague la luz.

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