Si hubiera alguna manera de trasladar, aquel ensayo de Octavio Paz publicado en 1950, a lo que estamos viviendo ahorita, podría decir que la óptica de la soledad, seguiría siendo vital. No sólo para explicar, el auge del populismo en muchos lugares, sino también, de su continuación.
De ahí la necesidad de hablar del populismo de la soledad.
Porque mientras hay un tipo de soledad que se disfruta, hay otra que se padece, y me temo que esa, es la que afecta directamente a la democracia. Sobretodo, si les llegó antes de esta era del Covid-19, que tanto se ha caracterizado por ello.
Teniendo presente, que entre más tiempo aislada pasa una persona, más agresiva se vuelve. Lo mismo pasa con los animales, y creo que este factor no debe ser pasado por alto, cuando México se encuentra a meses del momento de mayor movilización electoral de nuestra historia, que seguramente atravesará por las restricciones de un segundo brote, y Estados Unido se encuentra a días, de elegir un nuevo presidente o reelegir al que ya tienen.
Volviéndose, tal vez el voto por correo, el mayor exponente de una soledad, que se alarga en tiempos de pandemia, y que podría tropicalizarse a la realidad mexicana del próximo año, si el mundo sigue como hasta ahora.
En nuestro país, la soledad no es un factor que haya sonado alguna alarma, hasta antes de la pandemia. En el que 15% de la población, según datos de la UNAM, declaró padecer ansiedad como consecuencia del aislamiento y la soledad. Mientras que, con base a datos del Índice de Soledad 2020 de Cigna, el 61% de los adultos estadounidenses, ha manifestado sentirse en soledad. Representando esto último, un aumento de siete puntos, con respecto al 2018.
Como se ve, la soledad es una epidemia que está aumentando, y esto me resulta alarmante. Porque es justamente uno de los peligros, de los que Hannah Arendt hablaba en 1951, cuando escribió “Los orígenes del totalitarismo.”
Para ella, la soledad era la clave del éxito de las políticas de intolerancia, que llevaban entre otras cosas, a la polarización, al antisemitismo, y a la fusión entre el imperialismo y la burocracia.
Porque es justamente cuando el individuo, se siente aislado, carente de relaciones sociales normales, y excluido política, social, y económicamente del mundo, que encuentra refugio en los brazos de la ideología, que le da un nuevo sentido a su vida.
Ya no es invisible.
Esto funciona tanto para los de izquierda como para los de derecha, y creo que en México, los extremos ya se están dejando sentir. Sobretodo, con el auge de FRENAAA, que también, según la última medición de CONEVAL, 52.4 millones de mexicanos ya vivían en la soledad de la pobreza, antes de la pandemia.
De ahí, nuestro presente.
Recordemos que la soledad, tiene varias dimensiones, y que una de las mayores frustraciones es sentirse excluido. Tal vez por eso, tenga tanto que ver con la política, y eso como ya lo demostró Arendt, no es nuevo.
Incluso en Francia, cuando empezaron a percatarse de este fenómeno en 1992, científicos comenzaron a recolectar información acerca de su relación con los votantes de la extrema derecha de Jean- Marie Le Pen y el Frente Nacional. Mientras que, en el 2016, una encuesta realizada por el Centro para Estudios de Elecciones y Democracia, reveló que los simpatizantes de Trump, tendían a ser más solitarios que los de Clinton.
La moneda está en el aire.
¿A qué laberinto nos llevará el populismo de la soledad?
El último en salir apague la luz.