Lo único que une a todos los tipos de migrantes es la búsqueda de una vida mejor y lo que los diferencia es el cómo. Puesto que la pobreza difícilmente llega en avión, y el miedo y la necesidad nunca esperan a las circunstancias perfectas. Esto es lo que nunca debe perderse de vista ahora que la crisis migratoria ha tocado nuestra fronteras y que el cómo, más allá del qué, será el que defina el éxito o el fracaso de nuestras políticas migratorias que, sin duda, nos han dejado lecciones, que no deben ser perdidas de vista, a través de nuestra historia.
La actitud que se tiene hacia los migrantes se ha convertido , sin duda, en uno de los mayores símbolos de la división mundial que remarca la narrativa divisoria entre débiles y poderosos porque son estos últimos los que generalmente se niegan a recibirlos a menos que su economía dependa de ello. Como fue el caso de Alemania en la reciente cumbre mundial celebrada en Marrakech y como también fue el caso de países como Australia, Austria, Chile, Hungría y Polonia que se negaron a firmar el pacto Mundial para la Migración, Ordenada y Regular del cual EEUU se desmarcó hace un año.
En congruencia con el Plan Integral de Desarrollo firmado con los países del triángulo del norte centroamericano México firmó el documento, dividido en cuatro capítulos, en los que se detallan puntos como el origen de la migración (las causas), cómo se desarrolla el tránsito de los migrantes, cómo recibir a los migrantes y cómo apoyarlos cuando decidan regresar a sus países. Argumentando que en México se promoverá una política migratoria desde los derechos humanos y que las deportaciones que, según Amnistía Internacional superaron las 80,000 personas en 2017, se reducirán. No obstante, ¿Es esto suficiente para tener una política migratoria exitosa?
El embudo migratorio que se ha generado en Tijuana no ha parado de incrementar tensiones y, dadas las circunstancias, esta situación no está próxima a desaparecer porque el punto de discusión sobre si se acepta o no a los migrantes ya ha sido rebasado y porque, ante el desarrollo de políticas que podrían parecer un tanto frívolas del lado estadounidense, y la falta de un enfoque integral que pueda verdaderamente erradicar las causas de la emigración, el enfoque en el que debemos hacer énfasis es en el como y el donde se acepta a los migrantes. Porque a la larga de esto dependerá tanto su bienestar y nuestra estabilidad interna.
Los migrantes que han sido aceptados bajo la premisa del derecho de asilo no han sido debidamente aclimatados en términos de cultura y han permanecido rezagados del resto de la población. Un gran ejemplo de esto es el cañón del Alacrán el Tijuana en donde unos 400 haitianos viven en casas de madera, que una iglesia evangélica ha ayudado a construir, y en donde además no llega el agua potable.
Lo anterior es importante puesto que en 2005 los disturbios experimentados en parís fueron originados en diásporas migratorias, parecidas al caso anteriormente mencionado, que no fueron asimiladas desde la década de 1970 en que migrantes de las antiguas colonias francesas llegaron a este país. Además de esto también están las lecciones históricas que hemos experimentado en carne propias y que, actualmente, pueden ser consideradas como el génesis de nuestras tensiones migratorias con EEUU. Porque cuando el migrante no se diluye ni se acepta en la cultura de receptora se genera un resentimiento que lo convierte en propenso a la influencia externa y cuando la tierra de origen es cercana, las fronteras se pueden expandir en bajo el manto de las cultura o incluso, si se tiene loa fuerza necesaria, se puede llegar a la pérdida del territorio.
Esperemos que la memoria no se pierda y que lo ordenado y regulado alcance para el cómo.
El último en salir apague la luz.


Excelente articulo, coincido en la tesis de que abandonar la tierra natal para establecerse en un país ajeno requiere valentía o desesperación. No asombra que sólo un segmento muy pequeño de la humanidad lo lleve a cabo. Las flujos netos de la inmigración van a continuar mientras persista la enorme brecha entre el ingreso per cápita de las naciones emisoras y receptoras, en el contexto actual México debe de estar preparado para esta realidad dentro de una política migratoria justa y reglamentada.