Perú necesita cerrar las heridas que tiene abiertas desde hace cinco años. Porque la pus ha hecho que la mayoría de los peruanos desconfíe del congreso y ha rematado permitiendo, que el último presidente solamente haya durado seis días en el cargo.
Así el recuento de los daños, que ha dejado dos muertos y 112 heridos, después de varios días de protestas masivas.
Lo que podría pasar a la historia siendo conocido como “semana peruana”, comenzó el lunes por la noche con las manifestaciones en contra de la destitución del expresidente Martín Vizcarra, continuó el martes con la toma de protesta de Manuel Merino, quien al día siguiente nombró a Ántero Flores Aráoz como su primer ministro, para después tomarle juramento al Gabinete Ministerial el jueves en medio de la primera marcha nacional, estallar el sábado con la segunda, en donde perderían la vida dos jóvenes, y rematar el domingo con la renuncia del recién nombrado presidente, y más de la mitad del Gabinete.
¡Vaya semana y pobre Perú!
Porque más allá de que las protestas son un síntoma de que el Congreso no tiene la legitimidad necesaria para asumir la jefatura del Estado, de hecho los peruanos dicen que no los representa, las redes sociales han venido a develar una mentira más de las autoridades, al contradecir sus declaraciones sobre el uso de la fuerza en las manifestaciones.
Causando esto último, incluso, la preocupación de la oficina de Derechos Humanos de la ONU.
Así, lo que inició como un malestar contra la decisión – tomada por un Congreso al que se le acusa de velar por sus propios intereses, con 68 de los 130 miembros con procesos de investigación abiertos por cargos de corrupción ante la Fiscalía- de remover a un presidente que debía ser juzgado por lo que se le acusa al acabar su mandato en medio de la peor crisis sanitaria y económica de los últimos cien años, hoy se ha transformado en el repudio contra una clase política, a la que se le siente distante de la ciudadanía.
Después de las muertes de los jóvenes de 22 y 24 años era innegable que Merino se tenía que ir, y habían dos formas de sacarlo del poder: la renuncia o una moción censura. Ante la dimisión, la Mesa Directiva del Congreso deberá elegir entre sus filas al nuevo jefe de Estado, que será el cuarto en cuatro años.
El actual presidente del Congreso, Luis Valdez convocó a una reunión especial durante la tarde del domingo para “devolver la paz a todos los peruanos”, y en el consenso está que el próximo mandatario debe estar en la lista de los 19 congresistas que votaron en contra de la salida de Vizcarra.
De ahí la idea de que sea un integrante del Partido Morado, única bancada que dio la totalidad de sus votos -nueve- en rechazo a la vacancia y que, a sabiendas de que el Congreso carece de legitimidad moral ante los peruanos, ha propuesto en las últimas horas, que la Cámara se retracte de la vacancia y que Martín Vizcarra vuelva a la presidencia.
¿Serán capaces de poner a Perú antes que a sus intereses?
Porque de lo contrario, las protestas podrían continuar y más tomando en cuenta que Vizcarra, ya ha comenzado a movilizarse para exhortar al Tribunal Constitucional, a que se pronuncie y diga si es legal lo que hizo el Congreso con la vacancia.
Parece que Juego de Tronos se ha salido de la pantalla.
¿Cómo llegarán a las elecciones presidenciales del 11 de abril?
El último en salir apague la luz.